Leo Wolmer, el uruguayo que enseña a sobrevivir los traumas de la guerra

21/Mar/2022

El País- por María de los Ángeles Orfila

El País- por María de los Ángeles Orfila

Nadie sabía por qué Leo Wolmer eligió esa camisa cuando entró en la sala. Pero él lo había planeado: ese día vestía una camisa que había pertenecido a su padre: nacido, perseguido, recluido en el gueto de Varsovia y escapado de Polonia. Sobreviviente del Holocausto. Nadie sabía que lo que estaba a punto de enseñar a psicólogos y psiquiatras de Cracovia para ordenar la atención de emergencia de los refugiados ucranianos para él había empezado con sus abuelos y padres. Crédito foto: Leo Wolmer

El especialista radicado en Israel viajó a Cracovia para organizar la atención psicológica de los refugiados ucranianos.

“Cuando mi papá tenía 7 años empezó la segunda guerra mundial y la familia se tuvo que escapar escondiéndose donde pudieron hacerlo. En el caso de ellos fue en una casa de unos polacos bajo la tierra, en un pozo durante mucho tiempo, hasta que entraron en el gueto de Varsovia por un tío pero también de ahí se tuvieron que escapar”, relató a El País desde la ciudad de Tel Aviv.

Wolmer, experto en atención a civiles expuestos a situaciones de desastres y profesor de psicología en la Universidad Reichman de Herzlia, nació en Uruguay, un país que le brindó la paz suficiente a su familia para que él aprendiera lo que enseña a los damnificados por desastres naturales, ataques terroristas y guerras desde hace 30 años: pasar de ser víctimas a sobrevivientes.

“Conté que mi papá siempre me relataba la historia con la mirada de un sobreviviente y no de una víctima, con el orgullo de haber sido lo suficientemente fuerte, de haber tenido padres que lo protegieron y que eso le dio la seguridad básica para enfrentar una situación que era prácticamente imposible. (En Cracovia) yo sentí el frío al que se refería; había -5 grados y me imaginaba lo que era huir en la nieve, por la noche por los bosques. Después de 30 años lo entendí a medida que les iba enseñando a mis colegas porque entendía que era algo que me había pasado a mí y no lo había procesado de esa forma”, confesó a El País.

Y eso que Wolmer, radicado en Israel desde 1982, ha trabajado en situaciones que ponen a prueba hasta el más valiente.

Cuando terminó su especialización en trauma empezó la primera guerra del Golfo e Israel comenzó a ser atacada con misiles. Fue su primera experiencia: atender psicológicamente a preescolares. Hasta ese entonces no se sabía cómo un niño podía reaccionar ante una situación bélica. Wolmer y un equipo los estudiaron a ellos y a sus madres durante cinco años y lograron definir protocolos de intervención psicológica para niños y adultos expuestos a este tipo de estrés. “Lo que vimos es que la influencia de las madres es fundamental. Cuanto menor el chico, mayor era su dependencia de la reacción de la madre”, apuntó a El País.

En ese entonces, no existía el concepto de resiliencia. “En ese tiempo no se sabía muy bien si la exposición traumática era algo que nos fortalecía o nos ponía más vulnerables. Es la famosa frase de lo que no te mata te fortalece. Depende de cómo se procese. Lo que probamos es que cuanto más sea la exposición traumática, por ejemplo, tres eventos en los últimos dos años, voy a estar mucho más vulnerable en el próximo evento traumático. Si yo sé cuántos eventos de estrés significativo sufrió una persona puedo predecir en forma bastante eficiente cuál va a ser su reacción y quiénes son los más vulnerables”, explicó.

La clave de lo que enseña Wolmer y lo fundamental del taller intensivo y urgente que dio en Cracovia, una ciudad que ha recibido al menos 100 mil ucranianos desde el inicio de la invasión rusa, es lo que aprendió de su padre: “Cómo transformar la identidad de víctima en sobreviviente”.

Wolmer no solo ha llevado su trabajo a individuos, sino que se ha especializado a que esa transformación la haga una comunidad y hasta una ciudad entera. En 1999 trabajó casi un año desarrollando protocolos de atención psicológica para Turquía tras un terremoto de 7,4 grados en la escala de Richter y que duró solo 45 segundos, pero dejó 17.480 muertos, más de 40.000 heridos, 329.000 edificios destruidos y casi medio millón de personas sin hogar. El abordaje innovador fue entrenar a los maestros como mediadores clínicos ante la falta de psicólogos. Esa experiencia se convirtió en algo habitual en Israel, donde se terminó de conformar la estrategia de resiliencia urbana ante las catástrofes. Lo mismo se hizo en Nueva York luego de los ataques a las Torres Gemelas del 11 de septiembre de 2001 y tantos otros casos que han sucedido en los últimos años.

“Este tipo de situaciones no las podés trabajar de forma individual sino que tenés que organizar a toda la ciudad porque si no no es sustentable a largo tiempo manejar una crisis masiva”, reconoció el psicólogo.

Eso es lo que fue a hacer a Cracovia y volverá a hacerlo cuando se lo soliciten porque vio que, a pesar de las buenas intenciones, no cumplían con el primer requisito: “La primera lección es estar preparados”.

Eso tampoco sucedió en Nueva York o en Turquía; hay hechos que son totalmente imprevisibles. Pero en zonas de conflicto como en Israel y Palestina, entre tantos, sí se pueden atajar situaciones que permitan reaccionar mucho más rápido y, a juicio de Wolmer, es uno de los factores fundamentales para lograr la resiliencia.

“La población tiene que saber que alguien los está cuidando, que alguien se preocupó en pensar en cómo vamos a tratar a los enfermos, cómo vamos a evacuar a las familias, qué vamos a hacer con los mayores, cómo van a seguir tomando sus medicinas y cómo se van a seguir alimentando y quién va a ser el responsable”, relató.

Esta planificación no puede quedar en manos de voluntarios en el largo plazo, sino que debe ser una responsabilidad del gobierno que puede, por supuesto, contar con su ayuda. “A largo plazo los voluntarios individuales o las ONGs no pueden tomar responsabilidad sobre masas de personas con grandes necesidades”, apuntó.

El segundo paso para actuar ante una situación de desastre es prepararse “para lo que puede ser”, es decir, “estar preparados para una situación de emergencia masiva que no sabemos cuál va a ser”. Un ejemplo de esto es el tornado que devastó la ciudad de Dolores o incluso la irrupción de una pandemia y, en este caso, dijo sentirse “orgullo” por el manejo que hizo el presidente Lacalle al respecto.

Lo tercero es atender a las personas. En Cracovia, por ejemplo, llegan mujeres, niños y ancianos que han escapado con lo puesto, en muchos casos sin documentos, sin dinero y “sin sus pertenencias más queridas”. La primera atención que deben recibir es médica para paliar el hambre, el frío o el insomnio y la siguiente es la psicológica. “Estuvieron horas con una sensación de peligro de que en cualquier momento podés morir. Es una amenaza existencial; no es solo tener hambre, es salir de Ucrania o morir”, apuntó.

Wolmer colaboró en la disposición de los refugios. Hay algunos que sirven para descansar tres horas, otros que son para pasar tres días y otros para quedarse más tiempo, “pero todavía no está toda la organización necesaria para absorber miles de refugiados”.

Como es una población de la que se desconoce cuánto tiempo va a permanecer en un sitio, se debe actuar rápido. Se les debe dar herramientas de abordaje psicológico que puedan ser efectivas y que puedan llevarse consigo. “Desarrollamos un protocolo que se adapta a eso: a trabajar con grupos con los cuales no tenemos mucho tiempo. No es una terapia, sino instrumentos para que puedan manejar los síntomas más importantes”, agregó a El País.

Dos de los más importantes son la falta de control a nivel corporal debido a una tensión continua y la falta de control sobre los pensamientos y sensaciones. El abordaje implica enseñarles a estructurar de mejor manera el trauma, “ordenarlo” para dar significado a lo que está pasando en sus vidas y no queden “baches” en el entendimiento o en la memoria.

A toda costa hay que evitar esto: “Que la situación traumática se estructure dentro de la personalidad”. Esto, lo único que hará, será revivir el trauma y la persona –o la comunidad o la ciudad o un país entero– no podrá dar ese paso de víctima a sobreviviente.

¿Y qué es un sobreviviente? Es alguien fuerte, que es activo, que se enfrentó a la adversidad, que la sufrió, que se cayó, que se levantó y que la superó. Es algo que se debe aprender, a juicio de Wolmer, lo más pronto posible. “Es lo que hizo mi padre que me contaba sus historias con el orgullo de haber sido lo suficientemente fuerte para seguir adelante”.